«Somos ninfas aquí, en el cielo estrellas;
antes de que Beatriz bajara al mundo,
como sus siervas fuimos destinadas. 108

Te hemos de conducir ante sus ojos;
mas a su luz gozosa han de aguzarte
las tres de allí, que miran más profundo.» 111

Así empezaron a cantar; y luego
hasta el pecho del grifo me llevaron,
donde estaba Beatriz vuelta a nosotros. 114

Me dijeron: «No ahorres tus miradas;
ante las esmeraldas te hemos puesto
desde donde el Amor lanzó sus flechas.» 117

Mil deseos ardientes más que llamas
mis ojos empujaron a sus ojos
relucientes, aún puestos en el grifo. 120

Lo mismo que hace el sol en el espejo,
la doble fiera dentro se copiaba, 122
con una o con la otra de sus formas. 123

Imagina, lector, mi maravilla
al ver estarse quieta aquella cosa,
y en el ídolo suyo transmutarse. 126

Mientras que llena de estupor y alegre
mi alma ese alimento degustaba
que, saciando de sí, aún de sí da ganas, 129

demostrando que de otro rango eran 130
en su actitud, las tres se adelantaron,
danzando con su angélica cantiga. 132

«¡Torna, torna, Beatriz, tus santos ojos
-decía su canción- a tu devoto
que para verte ha dado tantos pasos! 135

Por gracia haznos la gracia que desvele
a él tu boca, y que vea de este modo
la segunda belleza que le ocultas.» 138


Oh resplandor de viva luz eterna,
¿quién que bajo las sombras del Parnaso
palideciera o bebiera en su fuente, 141

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