Con menos resistencia se desgaja
robusta encina, con el viento norte
o con aquel de la tierra de Jarba, 72

como el mentón alcé con su mandato;
pues cuando dijo «barba» en vez de «rostro»
de sus palabras conocí el veneno; 75

y pude ver al levantar la cara
que las criaturas que llegaron antes
en su aspersión habían ya cesado; 78

y mis ojos, aún poco seguros,
a Beatriz vieron vuelta hacia la fiera 80
que era una sola en dos naturalezas. 81

Bajo su velo y desde el otro margen
a sí misma vencerse parecía,
vencer a la que fue cuando aquí estaba. 84

Me picó tanto el arrepentimiento
con sus ortigas, que enemigas me hizo
esas cosas que más había amado. 87

Y tal reconocer mordióme el pecho,
y vencido caí; y lo que pasara 89
lo sabe aquella que la culpa tuvo, 90

Y vi a aquella mujer, al recobrarme, 91
que había visto sola, puesta encima
«¡cógete a mí, cógete a mí!» diciendo. 93

Hasta el cuello en el río me había puesto,
y tirando de mí detrás venía,
como esquife ligera sobre el agua. 96

Al acercarme a la dichosa orilla,
«Asperges me» escuché tan dulcemente, 98
que recordar no puedo, ni escribirlo. 99

Abrió sus brazos la mujer hermosa;
y hundióme la cabeza con su abrazo
para que yo gustase de aquel agua. 102

Me sacó luego, y mojado me puso
en medio de la danza de las cuatro 104
hermosas; cuyos brazos me cubrieron. 105

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