formada a duras penas por los labios. 33

Llorando dije: «Lo que yo veía
con su falso placer me extraviaba
tan pronto se escondió vuestro semblante.» 36

Y dijo: «Si callaras o negases
lo que confiesas, igual se sabría
tu culpa: ¡es tal el juez que la conoce! 39

Mas cuando sale de la propia boca
confesar el pecado, en nuestra corte
hace volver contra el filo la piedra. 42

Sin embargo, para que te avergüences
ahora de tu error, y ya otras veces
seas fuerte, escuchando a las sirenas, 45

deja ya la raíz del llanto y oye:
y escucharás cómo a un lugar contrario
debió llevarte mi enterrada carne. 48

Arte o natura nunca te mostraron
mayor placer, cuanto en los miembros donde
me encerraron, en tierra ahora esparcidos; 51

y si el placer supremo te faltaba
al estar muerta, ¿qué cosa mortal
te podría arrastrar en su deseo? 54

A las primeras flechas de las cosas
falaces, bien debiste alzar la vista
tras de mí, pues yo no era de tal modo. 57

No te debían abatir las alas,
esperando más golpes, ni mocitas,
ni cualquier novedad de breve uso. 60

El avecilla dos o tres aguarda; 61
que ante los ojos de los bien plumados
la red se extiende en vano o la saeta.» 63

Cual los chiquillos por vergüenza, mudos
están con ojos gachos, escuchando,
conociendo su falta arrepentidos, 66

así yo estaba; y ella dijo: «Cuando
te duela el escuchar, alza la barba 68
y aún más dolor tendrás si me contemplas.» 69

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