y blanco lo demás con manchas rojas. 114

No sólo Roma en carro tan hermoso 115
no honrase al Africano, ni aun a Augusto,
mas el del sol mezquino le sería; 117

aquel del sol que ardiera, extraviado,
por petición de la tierra devota,
cuando fue Jove arcanarnente justo. 120

Tres mujeres en círculo danzaban
en el lado derecho; una de rojo,
que en el fuego sería confundida; 123

otra cual si los huesos y la carne
hubieran sido de esmeraldas hechos;
cual purísima nieve la tercera; 126

y tan pronto guiaba la de blanco,
tan pronto la de rojo; y a su acento
caminaban las otras, raudas, lentas. 129

Otras cuatro a la izquierda solazaban, 130
de púrpura vestidas, con el ritmo
de una de ellas que tenía tres ojos. 132

Detrás de todo el nudo que he descrito
vi dos viejos de trajes desiguales,
mas igual su ademán grave y honesto. 135

Uno se parecía a los discípulos 136
de Hipócrates, a quien natura hiciera
para sus animales más queridos; 138

contrario afán el otro demostraba 139
con una espada aguda y reluciente,
tal que me amedrentó desde mi orilla. 141

Luego vi cuatro de apariencia humilde; 142
y de todos detrás un viejo solo,
que venía durmiendo, iluminado. 144

Y estaban estos siete como el grupo
primero ataviados, mas con lirios
no adornaban en torno sus cabezas, 147

sino con rosas y bermejas flores; 148
se juraría, aun vistas no muy lejos,
que ardían por encima de los ojos. 150

244