huían las tinieblas, y con ellas
mi sueño; por lo cual me levanté,
viendo ya a los maestros levantados. 114

«El dulce fruto que por tantas ramas
buscando va el afán de los mortales,
hoy logrará saciar toda tu hambre.» 117

Volviéndose hacia mí Virgilio, estas
palabras dijo; y nunca hubo regalo
que me diera un placer igual a éste. 120

Tantas ansias vinieron sobre el ansia
de estar arriba ya, que a cada paso
plumas para volar crecer sentía. 123

Cuando debajo toda la escalera
quedó, y llegarnos al peldaño sumo,
en mi clavó Virgilio su mirada, 126

«El fuego temporal, el fuego eterno
has visto hijo; y has llegado a un sitio
en que yo, por mí m. ismo, ya no entiendo. 129

Te he conducido con arte y destreza;
tu voluntad ahora es ya tu guía:
fuera estás de camino estrecho o pino. 132

Mira el sol que en tu frente resplandece;
las hierbas, los arbustos y las flores
que la tierra produce por sí sola. 135

Hasta que alegres lleguen esos ojos
que llorando me hicieron ir a ti,
puedes sentarte, o puedes ir tras ellas. 138

No esperes mis palabras, ni consejos
ya; libre, sano y recto es tu albedrío,
y fuera error no obrar lo que él te diga: 141
y por esto te mitro y te corono.» 142

CANTO XXVIII

Deseoso de ver por dentro y fuera
la divina floresta espesa y viva,
que a los ojos ternplaba el día nuevo, 3

sin esperar ya más, dejé su margen,
andando, por el campo a paso lento

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