Como quedan rumiando mansamente
esas cabras, indómitas y hambrientas
antes de haber pastado, en sus picachos, 78

tácitas en la sombra, el sol hirviendo,
guardadas del pastor que en el cayado
se apoya y es de aquellas el vigía; 81

y como el rabadán se alberga al raso,
y pemocta junto al rebaño quieto,
guardando que las fieras no lo ataquen; 84

así los tres estábamos entonces,
yo como cabra y ellos cual pastores,
aquí y allí guardados de alta gruta. 87

Poco podía ver de lo de afuera;
mas, de lo poco, las estrellas vi
mayores y más claras que acostumbran. 90

De este modo rumiando y contemplándolas,
me tomó el sueño; el sueño que a menudo,
antes que el hecho, sabe su noticia. 93

A la hora, creo, que desde el oriente
irradiaba en el monte Citerea,
en el fuego de amor siempre encendida, 96

joven y hermosa aparecióme en sueños 97
una mujer que andaba por el campo
que recogía flores; y cantaba: 99

«Sepan los que preguntan por mi nombre
que soy Lía, y que voy moviendo en torno
las manos para hacerme una guirnalda. 102

Por gustarme al espejo me engalano;
Mas mi hermana Raquel nunca se aleja
del suyo, y todo el día está sentada. 105

Ella de ver sus bellos ojos goza
como yo de adornarme con las manos;
a ella el mirar, a mí el hacer complace.» 108

Y ya en el esplendor de la alborada,
que es tanto más preciado al peregrino,
cuando al regreso duerme menos lejos, 111

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