sobre el hombro derecho el sol me hería,
que ya, radiando, todo el occidente
el celeste cambiaba en blanco aspecto; 6

y hacía con mi sombra más rojiza
la llama parecer; y al darse cuenta
vi que, andando, miraban muchas sombras. 9

Esta fue la ocasión que les dio pie
a que hablaran de mí-, y así empezaron
«Este cuerpo ficticio no parece»; 12

luego vueltos a mí cuanto podían,
se cercioraron de ello, con cuidado
siempre de no salir de donde ardiesen. 15

«Oh tú que vas, no porque tardo seas,
mas tal vez reverente, tras los otros,
respóndeme, que en este fuego ardo. 18

No sólo a mí aproveche tu respuesta;
pues mayor sed tenemos todos de ella
que de agua fría la India o la Etiopía. 21

Dinos cómo es que formas de ti un muro
al sol, de tal manera que no hubieses
aún entrado en las redes de la muerte.» 24

Así me hablaba uno; y yo me hubiera 24
ya explicado, si no estuviese atento
a otra novedad que entonces vino; 27

que por medio de aquel sendero ardiente
vino gente mirando hacia los otros,
lo cual, suspenso, me llevó a observarlo. 30

Apresurarse vi por todas partes
y besarse a las almas unas a otras
sin pararse, felices de tal fiesta; 33

así por medio de su hilera oscura
una a la otra se hocican las hormigas,
por saber de su suerte o su camino. 36

En cuanto dejan la acogida amiga,
antes de dar siquiera el primer paso,
en vocear se cansan todas ellas: 39

la nueva gente: «Sodoma y Gomorra»; 40

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