la sombra, y es la causa que te admira.» 108

Y ya llegado al último tormento 109
habíamos, y vuelto a la derecha,
y estábamos atentos a otras cosas. 111

Aquí dispara el muro llamaradas,
y por el borde sopla un viento a lo alto
que las rechaza y las aleja de él; 114

y por esto debíainos andar
por el lado de afuera de uno en uno;
y yo temía el fuego o la caída. 117

«Por este sitio -guía iba diciendo-
a los ojos un freno hay que ponerles,
pues errar se podría por muy poco. 120

Summae Deus Clamentiae en el seno 121
del gran ardor oí cantar entonces,
que no menos ardor dio de volverme; 123

y vi almas caminando por las llamas;
así que a ellas miraba y a mis pasos,
repartiendo la vista por momentos. 126

Una vez que aquel himno terminaron 127
gritaron alto: «Virum no cognosco»;
y el himno repetían en voz baja. 129

Y al terminar gritaban: «En el bosque
Diana se quedó y arrojó a Elice 131
porque probó de Venus el veneno.» 132

Luego a cantar volvían; y de esposas
y de maridos castos proclamaban,
cual la virtud y el matrimonio imponen. 135

Y de esta forma creo que les baste
en todo el tiempo que el fuego les quema:
Con tal afán conviene y en tal forma
que la postrera herida cicatrice. 138

CANTO XXVI

Mientras que por la orilla uno tras otro
marchábamos y el buen maestro a veces
«Mira --decía- como te he advertido»; 3

228