un leño hay más arriba que mordido
fue por Eva y es éste su retoño.» 117

Entre las frondas no sé quién hablaba;
y así Virgilio, Estacio y yo, apretados
seguimos caminando por la cuesta. 120

Decía: «Recordad a los malditos 121
nacidos de las nubes, que, borrachos,
con dos pechos lucharon con Teseo; 123

y a los hebreos, por beber tan flojos, 124
que Gedeón no quiso de su ayuda,
cuando a Madián bajó de las colinas.» 126

Así arrimados a uno de los bordes,
oyendo fuimos culpas de la gula
seguidas del castigo miserable. 129

Ya en la senda desierta, distanciados,
más de mil pasos nos llevaron lejos,
los tres mirando sin decir palabra. 132

«Solos así los tres ¿qué vais pensando?»,
dijo una voz de pronto; y me agité
como un caballo joven y espantado. 135

Alcé mi rostro para ver quién era;
y jamás pude ver en ningún horno
vidrio o metal tan rojo y tan luciente, 138

como a quien vi diciendo: «Si os complace 139
subir, aquí debéis de dar la vuelta;
quien marcha hacia la paz, por aquí pasa.» 141

Me deslumbró la vista con su aspecto;
por lo que me volví hacia mis doctores,
como el hombre a quien guía lo que escucha. 144

Y como, del albor anunciadora,
sopla y aroma la brisa de mayo,
de hierba y flores toda perfumada; 147

yo así sentía un viento por en medio
de la frente, y sentí un mover de plumas,
que hizo oler a ambrosía el aura toda. 150

Sentí decir: «Dichosos los que alumbra 151
tanto la gracia, que el amor del gusto

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