«Hay nacida, aún sin velo, una mujer
--él comenzó- que hará que mi ciudad
te plazca aunque otros muchos la desprecien. 45

Tú marcharás con esta profecía:
si en mi murmullo alguna duda tienes,
la realidad en claro ha de ponerlo. 48

Pero dime si veo a quien compuso
aquellas nuevas rimas que empezaban:
«Mujeres que el Amor bien conocéis.» 51

Y yo le dije: «Soy uno que cuando
Amor me inspira, anoto, y de esa forma
voy expresando aquello que me dicta.» 54

«¡Ah hermano, ya comprendo ---dijo- el nudo
que al Notario, a Guiton y a mí separa
del dulce estilo nuevo que te escucho! 57

Bien veo ahora cómo vuestras plumas
detrás de quien os dicta van pegadas,
lo que no sucedía con las nuestras; 60

y quien se ponga a verlo de otro modo
no encontrará ninguna diferencia.»
Y se calló bastante satisfecho. 63

Cual las aves que invernan junto al Nilo,
a veces en el aire hacen bandadas,
y luego aprisa vuelan en hilera, 66

así toda la gente que allí estaba,
volviendo el rostro apresuró su paso,
por su flaqueza y su deseo raudas. 69

Y como el hombre de correr cansado
deja andar a los otros, y pasea
hasta que calma el resollar del pecho, 72

dejó que le pasara la grey santa
y conmigo detrás vino Forese,
diciendo: «¿Cuándo te veré de nuevo?» 75

«No sé -repuse-, cuánto viviré;
mas no será mi vuelta tan temprano,
que antes no esté a la orilla mi deseo; 78

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