Los ciudadanos Ciacco me llamasteis; 52
por la dañosa culpa de la gula,
como estás viendo, en la lluvia me arrastro. 54

Mas yo, alma triste, no me encuentro sola,
que éstas se hallan en pena semejante
por semejante culpa», y más no dijo. 57

Yo le repuse: «Ciacco, tu tormento
tanto me pesa que a llorar me invita,
pero dime, si sabes, qué han de hacerse 60

de la ciudad partida los vecinos, 61
si alguno es justo; y dime la razón
por la que tanta guerra la ha asolado.» 63

Y él a mí: «Tras de largas disensiones 64
ha de haber sangre, y el bando salvaje
echará al otro con grandes ofensas; 66

después será preciso que éste caiga
y el otro ascienda, luego de tres soles,
con la fuerza de Aquel que tanto alaban. 69

Alta tendrá largo tiempo la frente,
teniendo al otro bajo grandes pesos,
por más que de esto se avergüence y llore. 72

Hay dos justos, mas nadie les escucha; 73
son avaricia, soberbia y envidia
las tres antorchas que arden en los pechos.» 75

Puso aquí fin al lagrimoso dicho.
Y yo le dije: «Aún quiero que me informes,
y que me hagas merced de más palabras; 78

Farinatta y Tegghiaio, tan honrados,
Jacobo Rusticucci, Arrigo y Mosca,
y los otros que en bien obrar pensaron, 81

dime en qué sitio están y hazme saber,
pues me aprieta el deseo, si el infierno
los amarga, o el cielo los endulza.» 84

Y aquél: « Están entre las negras almas;
culpas varias al fondo los arrojan;
los podrás ver si sigues más abajo. 87

Pero cuando hayas vuelto al dulce mundo,

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