a Tetis y la hija de Tiresias, 113
y a Deidamia con todos sus hermanos.» 114

Ya se callaban ambos dos poetas,
de nuevo atentos a mirar en torno,
ya libres de subir y de paredes; 117

y habían cuatro siervas ya del día
atrás quedado, y al timón la quinta
enderezaba a lo alto el carro ardiente, 120

cuando mi guía: «Creo que hacia el borde
volver el hombro diestro nos conviene,
dando la vuelta al monte cual solemos. » 123

Así fue nuestro guía la costumbre,
y emprendimos la ruta más tranquilos
pues lo aprobaba aquel alma tan digna. 126

Ellos iban delante, y solitario
yo detrás, escuchando sus palabras,
que en poetizar me daban su intelecto. 129

Mas pronto rompió las dulces razones
un árbol puesto en medio del camino,
con manzanas de olor bueno y suave; 132

y así corno el abeto se adelgaza
de rama en rama, aquel abajo hacía,
para que nadie, pienso, lo subiera. 135

Del lado en que el camino se cortaba,
caía de la roca un licor claro,
que se extendía por las hojas altas. 138

Al árbol se acercaron los poetas;
y una voz desde dentro de la fronda
gritó: «Muy caro cuesta este alimento.» 141

«Más pensaba María en que las bodas 142
-siguió- fueran honradas, que en su boca,
esa que ahora intercede por vosotros. 144

Las antiguas romanas sólo agua
bebían; y Daniel, que despreciaba
el alimento, conquistó la ciencia. 147

La edad primera, bella como el oro,
hizo con hambre gustar las bellotas,

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