«¿Por dónde no conduces tú, maldita 40
hambre de oro, el afán de los mortales?»
en los tristes torneos diera vueltas. 42

Supe entonces que mucho abrir las alas
puede gastar las manos, y de esa
falta me arrepentí cual de las otras. 45

¿Cuántos renacerán todos pelados
por ignorancia, pues quien peca en esto, 47
ni en vida, ni al extremo se arrepiente? 48

Y sabrás que la culpa que replica,
y diametral se opone a algún pecado,
juntamente con él su verdor seca; 51

por lo cual si con esa gente estuve
que llora la avaricia, por purgarme
justo de lo contrario me encontraba.» 54

«Cuando contaste las peleas crueles
de la doble tristeza de Yocasta 56
-dijo el cantor de bucólicos versos- 57

por aquello que te inspirara Clío,
no parece que fueses todavía
fiel a la fe sin la que el bien no basta. 60

Si esto es así, ¿qué sol, qué luminarias,
disipando la sombra, enderezaron
detrás del pescador luego tus velas?» 63

Y aquél a éste: «Tú me dirigiste
a beber en las grutas del Parnaso;
y luego junto a Dios me iluminaste. 66

Hiciste como aquél que va de noche
con una luz detrás, que a él no le sirve,
mas hace tras de sí a la gente sabia, 69

cuando dijiste: «El siglo se renueva,
y el primer tiempo y la justicia vuelven,
nueva progenie de los cielos baja.» 72

Por ti poeta fui, por ti cristiano: 73
mas para ver mejor lo que dibujo,
para darle color la mano extiendo. 75

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