Rojos los ojos, la barba unta y negra,
y ancho su vientre, y uñosas sus manos:
clava a las almas, desgarra y desuella. 18

Los hace aullar la lluvia como a perros,
de un lado hacen al otro su refugio,
los míseros profanos se revuelven. 21

Al advertirnos Cerbero, el gusano,
la boca abrió y nos mostró los colmillos,
no había un miembro que tuviese quieto. 24

Extendiendo las palmas de las manos,
cogió tierra mi guía y a puñadas
la tiró dentro del bramante tubo. 27

Cual hace el perro que ladrando rabia,
y mordiendo comida se apacigua,
que ya sólo se afana en devorarla, 30

de igual manera las bocas impuras
del demonio Cerbero, que así atruena
las almas, que quisieran verse sordas. 33

Íbamos sobre sombras que atería
la densa lluvia, poniendo las plantas
en sus fantasmas que parecen cuerpos. 36

En el suelo yacían todas ellas,
salvo una que se alzó a sentarse al punto
que pudo vernos pasar por delante. 39

«Oh tú que a estos infiernos te han traído
-me dijo- reconóceme si puedes:
tú fuiste, antes que yo deshecho, hecho.» 42

«La angustia que tú sientes -yo le dije-
tal vez te haya sacado de mi mente,
y así creo que no te he visto nunca. 45

Dime quién eres pues que en tan penoso
lugar te han puesto, y a tan grandes males,
que si hay más grandes no serán tan tristes.» 48

Y él a mfí «Tu ciudad, que tan repleta
de envidia está que ya rebosa el saco,
en sí me tuvo en la vida serena. 51

21