y ésta tan sólo de allí me ha quedado.»

CANTO XX

Contra un mejor querer otro no lucha;
y contra mi placer, por complacerle,
saqué del agua la esponja aún sedienta. 3

Eché a andar y mi guía echó a andar por los
lugares libres, siguiendo la roca,
cual pegados de un muro a las almenas; 6

pues la gente que vierte gota a gota
por los ojos el mal que el mundo llena,
al borde se acercaba demasiado. 9

¡Maldita seas tú, oh antigua loba,
que más que el resto de las bestias matas,
a causa de tus hambres desmedidas! 12

¡Oh, cielo, que se cree que cuando gira
puede cambiar las leyes de aquí abajo!,
¿cuándo vendrá quien a ésta le haga huir? 15

A paso lento y corto caminábamos,
atento yo a las sombras, que sentía
llorar piadosamente y lamentarse 18

y por ventura oí. «¡Dulce María!» 19
clamar así en el llanto ante nosotros,
como hace una mujer que esté pariendo; 21

y que seguía- «Fuiste tú tan pobre
cuanto se puede ver por el cobijo
donte tu santa carga depusiste.» 24

Oí seguidamente: «Oh buen Fabricio, 25
antes virtud quisiste en la pobreza,
que gran riqueza poseer vicioso.» 27

Estas palabras tanto me placían,
que avancé un poco más por conocer
a aquel que parecía proferirlas. 30

Aquel hablaba aún del generoso
trato de Nicolás con las doncellas
para guardar su juventud honesta. 33

«Oh espíritu que tanto bien proclamas,

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