Miré, y el buen maestro: «¡Al menos tres
voces te he dado! ---dijo-, ven, levanta;
hallaremos la entrada para que entres.» 36

Me levanté, y estaban ya colmados
de pleno día el monte y sus recintos;
con sol nuevo a la espalda caminábamos. 39

Siguiéndole, llevaba la cabeza
tal quien de pensanúentos va cargado,
que hace de sí un medio arco de puente; 42

Cuando escuché «Venid, aquí se cruza»
dicho de un modo suave y benigno,
que no se escucha en esta mortal marca. 45

Con alas, que de cisne parecían,
arriba nos condujo quien hablaba
entre dos caras del duro macizo. 48

Movió luego las plumas dando aire,
Qui lugent afirmando ser dichosos,
pues tendrán dueña el alma del consuelo. 51

«¿Qué tienes que a la tierra sólo miras?»
mi guía comenzó a decirme, apenas
sobrepasados fuimos por el ángel. 54

Y yo: «Me hace marchar con tantas dudas
esa nueva visión, que a ella me inclina,
y no puedo apartar del pensamiento.» 57

«Has visto --dijo- aquella antigua bruja
por quien se llora encima de nosotros;
y cómo de ella el hombre se libera. 60

Bástete así, y camina más aprisa;
vuelve la vista al reclamo que mueve
el rey eterno con las grandes ruedas.» 63

Cual primero el halcón sus patas mira, 64
y luego vuelve al grito, y se apresura
por afán de la presa que le llama, 66

así hice yo; y así, cuanto se parte
la roca por dar paso a aquel que sube,
anduve hasta llegar donde se cruza. 69

Cuando en el quinto círculo hube entrado, 70

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