que el de acordarse del tiempo dichoso
en la desgracia; y tu guía lo sabe. 123

Mas si saber la primera raíz
de nuestro amor deseas de tal modo,
hablaré como aquel que llora y habla: 126

Leíamos un día por deleite,
cómo hería el amor a Lanzarote; 128
solos los dos y sin recelo alguno. 129

Muchas veces los ojos suspendieron
la lectura, y el rostro emblanquecía,
pero tan sólo nos venció un pasaje. 132

Al leer que la risa deseada 133
era besada por tan gran amante,
éste, que de mí nunca ha de apartarse, 135

la boca me besó, todo él temblando.
Galeotto fue el libro y quien lo hizo;
no seguimos leyendo ya ese día.» 138

Y mientras un espiritu así hablaba,
lloraba el otro, tal que de piedad
desfallecí como si me muriese; 141
y caí como un cuerpo muerto cae.

CANTO VI

Cuando cobré el sentido que perdí
antes por la piedad de los cuñados,
que todo en la tristeza me sumieron, 3

nuevas condenas, nuevos condenados
veía en cualquier sitio en que anduviera
y me volviese y a donde mirase. 6

Era el tercer recinto, el de la lluvia
eterna, maldecida, fría y densa:
de regla y calidad no cambia nunca. 9

Grueso granizo, y agua sucia y nieve
descienden por el aire tenebroso;
hiede la tierra cuando esto recibe. 12

Cerbero, fiera monstruosa y cruel, 13
caninamente ladra con tres fauces
sobre la gente que aquí es sumergida. 15

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