Aun suponiendo que obligadamente
surja el amor que dentro se os encienda,
la potestad tenéis de refrenarlo. 72

A esta noble virtud Beatriz la llama
libre albedrío, y procurar debieras
recordarlo por si ella te habla de esto.» 75

La luna, casi a media noche tarda, 76
más raras las estrellas nos hacía,
como un caldero ardiendo por completo; 78

corriendo por el cielo los caminos
que el sol inflama cuando los de Roma
lo ven caer entre Corsos y Sardos. 81

Y la sombra gentil, por quien a Piétola
más que a la propia Mantua se celebra 83
me había liberado de mi peso; 84

y yo, que la razón abierta y llana
tenía ya después de mis preguntas,
divagaba cual hombre adormilado; 87

mas fue esta soñolencia interrumpida
súbitamente por gentes que a espaldas
nuestras, hacia nosotros caminaban. 90

Como el Ismeno y el Asopo vieron 91
furia y turbas de noche en sus orillas,
cuando a Baco imploraban los tebanos, 93

así por aquel círculo avanzaban,
por lo que pude ver, quienes venían
del buen querer y justo amor llevados. 96

Enseguida llegaron, pues corriendo
aquella magna turba se movía,
y dos gritaban llorando delante: 99

«Corrió María apresurada al monte; 100
y para sojuzgar Lérida César, 101
tocó en Marsella y luego corrió a España.» 102

«Raudo, raudo, que el tiempo no se pierda
por poco amor -gritaban los demás-;
que el arte de obrar bien torne la gracia.» 105

«Oh gente a quien fervor agudo ahora

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