y la gente, que sabe que su guía
sólo tiende a aquel bien del que ella come, 101
pace de aquel, y no busca otra cosa. 102

Bien puedes ver que la mala conducta
es la razón que al mundo ha condenado,
y no vuestra natura corrompida. 105

Solía Roma, que hizo bueno el mundo, 106
tener dos soles que una y otra senda,
la humana y la divina, les mostraban. 108

Uno a otro apagó; y está la espada
junto al báculo; y una y otro unidos
forzosamente, marchan mal las cosas; 111

porque juntos no temen uno al otro:
Si no me crees, recuerda las espigas,
pues distingue las hierbas la simiente. 114

En la tierra que riegan Po y Adige, 115
valor y cortesía se encontraban,
antes de entrar en liza Federico. 117

Ahora puede cruzar sin miedo alguno
cualquiera que dejase, por vergüenza,
de acercarse a los buenos o de hablarlos. 120

Tres viejos hay aún con quien reprende
a la nueva la antigua edad, y tardo
Dios les parece en que con él les llame: 123

Corrado de Palazzo, el buen Gherardo, 124
y Guido de Castel, mejor llamado 125
el sencillo lombardo, a la francesa. 126

Puedes decir que la Iglesia de Roma,
por confundir en ella dos poderes
ella y su carga en el fango se ensucian.» 129

«Oh Marco mío ­dije- bien hablaste;
y ahora discierno por qué de la herencia
los hijos de Leví privados fueron. 132

Más qué Gherardo es ése que, por sabio,
dices, quedó de aquella raza extinta
corno reproche del siglo salvaje?» 135

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