mas pregunté para animar tus pasos
tal conviene avivar al perezoso,
que tardo emplea al despertar su tiempo.» 138

Por el ocaso andábamos, mirando
hasta donde alcanzaba nuestra vista
contra la luz radiante y vespertina. 141

Y vimos poco a poco una humareda
venir hacia nosotros, cual la noche;
ni un sitio había para resguardarnos: 144
el aire puro nos quitó y la vista. 145

CANTO XVI

Negror de infierno y de noche privada
de estrella alguna, bajo un pobre cielo,
hasta el sumo de nubes tenebroso, 3

tan denso velo no tendió en mi rostro
como aquel humo que nos envolvió,
y nunca sentí tan áspero pelo. 6

No podía siquiera abrir los ojos
por lo que, sabia y fiel, la escolta mía
vino hacia mí ofreciéndome su hombro. 9

Como el ciego que va tras de su guía
para que no se pierda ni tropiece
en obstáculo alguno, o tal vez muera, 12

andaba por el aire amargo y sucio,
escuchando a Virgilio aconsejarme:
«Ten cuidado y de mí no te separes». 15

Oía voces como que implorasen
la paz y la clemencia del Cordero
de Dios que borra todos los pecados. 18

Agnus Deí, era, pues, como empezaban
todos a un tiempo y en el mismo modo,
y en completa concordia parecían. 21

«Maestro, lo que oigo ¿son espíritus?»
le dije. Y él a mí: «Bien lo pensaste;
de la iracundia van soltando el nudo.» 24

«¿Quién eres tú que cortas nuestro humo,

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