en muchos poseedores, aún más ricos
hacer de él, que si pocos lo tuvieran?» 63

Y aquel me contestó: «Como no pones
la mente más que en cosas terrenales,
sacas tinieblas de luz verdadera. 66

Ese bien inefable e infinito
que arriba está, al amor tal se apresura
corno a un lúcido cuerpo viene el rayo. 69

Tanto se da cuanto encuentra de ardor;
y al aumentarse así la caridad,
sobre ella crece la eterna virtud. 72

Y así cuanta más gente ama allá arriba,
hay allí más amor, y más se ama,
y unos y otros son como los espejos. 75

Y si lo que te digo no te sacia,
verás a Beatriz que plenamente
este o cualquier deseo ha de quitarte. 78

Procura pues que pronto se te extingan,
como han sido ya dos, las cinco heridas
que cicatrizan al estar contrito.» 81

Cuando decir quería: «Me aplacaste»,
me vi llegado al círculo de arriba,
y me hizo callar la vista ansiosa. 84

Allí me pareció en una visión 85
estática de súbito estar puesto,
y ver muchas personas en un templo; 87

y una mujer decía en los umbrales,
con dulce gesto maternal: «Oh hijo,
¿por qué has obrado esto con nosotros? 90

Tu padre y yo angustiados estuvimos
buscándote.» Y como ella se callara,
se me borró lo que veía antes. 93

Después me vino otra, con el agua 94
que en sus mejillas el dolor destila,
que un gran despecho hacia otros nos provoca 96

diciendo: «Si eres sir de la ciudad,
por cuyo nombre dioses contendieron,

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