un paso di hacia atrás, y no adelante. 141

Quieto ya el aire estaba en todas partes;
y me dijo: «Aquel debe ser el freno
que contenga en sus límites al hombre. 144

Pero mordéis el cebo, y el anzuelo
del antiguo adversario, y os atrapa;
y poco vale el freno y el reclamo. 147

El cielo os llama y gira en torno vuestro,
mostrando sus bellezas inmortales,
y poneis en la tierra la mirada; 150
y así os castiga quien todo conoce.»

CANTO XV

Cuanto hay entre el final de la hora tercia
y el principio de día en esa esfera, 2
que al igual que un chiquillo juega siempre 3

tanto ya parecía que hacia el véspero
aún le faltaba al sol de su camino:
allí la tarde, aquí era medianoche. 6

En plena cara heríannos los rayos,
pues giramos el monte de tal forma,
que al ocaso derechos caminábamos, 9

cuando sentí en mi frente pesadumbre
de un resplandor mucho mayor que el de antes, 11
y me asombró tan extraño suceso; 12

por lo que alcé las manos por encima
de las cejas, haciéndome visera
que del exceso de luz nos protege. 15

Como cuando del agua o del espejo
el rayo salta a la parte contraria,
ascendiendo de un modo parecido 18

al que ha bajado, y es tan diferente
del caer de la piedra en igual caso,
como experiencia y arte lo demuestran; 21

así creí que la luz reflejada
por delante de mí me golpease;
y en apartarse fue rauda mi vista. 24

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