Como al anuncio de penosos males
se turba el rostro del que está escuchando
de cualquier parte que venga el peligro, 69

así yo vi turbar y entristecerse
a la otra alma, que vuelta estaba oyendo,
cuando hubo comprendido las palabras. 72

A una al oírla y a la otra al mirarla,
me dieron ganas de saber sus nombres,
e híceles suplicante mi pregunta; 75

por lo que el alma que me habló primero
volvió a decir: «Que condescienda quieres
y haga por ti lo que por mí tú no haces. 78

Mas porque quiere Dios que en ti se muestre
tanto su gracia, no seré tacaño;
y así sabrás que fui Guido del Duca. 81

Tan quemada de envidia fue mi sangre.
que si dichoso hubiese visto a alguno,
cubierto de livor me hubieras visto. 84

De mi simiente recojo tal grano;
¡Oh humano corazón, ¿por qué te vuelcas
en bienes que no admiten compañía? 87

Este es Rinieri, prez y mayor honra
de la casa de Cálboli, y ninguno
de sus virtudes es el heredero. 90

Y no sólo su sangre se ha privado,
entre el monte y el Po y el mar y el Reno, 92
del bien pedido a la verdad y al gozo; 93

pues están estos límites tan llenos
de plantas venenosas, que muy tarde,
aun labrando, serían arrancadas. 96

¿Dónde están Lizio, y Arrigo Mainardi, 97
Pier Traversaro y Guido de Carpigna? 98
¡Bastardos os hicisteis, romañoles! 99

¿Cuando renacerá un Fabbro en Bolonia? 100
¿cuando en Faenza un Bernardín de Fosco, 101
rama gentil aun de simiente humilde? 102

No te asombres, toscano, si es que lloro

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