a las sombras llevadas por el viento.
Y yo dije: «Maestro, quién son esas
gentes que el aire negro así castiga?» 51

«La primera de la que las noticias
quieres saber --me dijo aquel entonces-
fue emperatriz sobre muchos idiomas. 54

Se inclinó tanto al vicio de lujuria,
que la lascivia licitó en sus leyes,
para ocultar el asco al que era dada: 57

Semíramis es ella, de quien dicen 58
que sucediera a Nino y fue su esposa:
mandó en la tierra que el sultán gobierna. 60

Se mató aquella otra, enamorada, 61
traicionando el recuerdo de Siqueo;
la que sigue es Cleopatra lujuriosa. 63

A Elena ve, por la que tanta víctima 64
el tiempo se llevó, y ve al gran Aquiles 65
que por Amor al cabo combatiera; 66

ve a Paris, a Tristán.» Y a más de mil 67
sombras me señaló, y me nombró, a dedo,
que Amor de nuestra vida les privara. 69

Y después de escuchar a mi maestro
nombrar a antiguas damas y caudillos,
les tuve pena, y casi me desmayo. 72

Yo comencé: «Poeta, muy gustoso 73
hablaría a esos dos que vienen juntos
y parecen al viento tan ligeros.» 75

Y él a mí: «Los verás cuando ya estén
más cerca de nosotros; si les ruegas
en nombre de su amor, ellos vendrán.» 78

Tan pronto como el viento allí los trajo
alcé la voz: «Oh almas afanadas,
hablad, si no os lo impiden, con nosotros.» 81

Tal palomas llamadas del deseo,
al dulce nido con el ala alzada,
van por el viento del querer llevadas, 84

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