la caridad las cuerdas del flagelo. 39

Su freno quiere ser la voz contraria:
y podrás escucharla, según creo,
antes que el paso del perdón alcances. 42

Mas con fijeza mira, y verás gente
que está sentada enfrente de nosotros,
apoyada a lo largo de la roca.» 45

Abrí entonces los ojos más que antes;
miré delante y sombras vi con mantos
del color de la piedra no distintos. 48

Y al haber avanzado un poco más,
oí gritar: «María, por nosotros
ruega» y «Miguel» y «Pedro» y «Santos todos». 51

No creo que ahora existe por la tierra
hombre tan duro, a quien no le moviese
a compasión lo que después yo vi; 54

pues cuando estuve tan cercano de ellos
que sus gestos veía claramente,
grave dolor me vino por los ojos. 57

De cilicio cubiertos parecían
y uno aguantaba con la espalda al otro,
y el muro a todas ellas aguantaba. 60

Así los ciegos faltos de sustento,
piden limosna en días de indulgencia,
y la cabeza inclina uno sobre otro, 63

por despertar piedad más prontamente,
no sólo por el son de las palabras,
mas por la vista que no menos pide. 66

Y como el sol no llega hasta los ciegos,
lo mismo aquí a las sombras de las que hablo
no quería llegar la luz del cielo; 69

pues un alambre a todos les cosía
y horadaba los párpados, del modo
que al gavilán que nunca se está quieto. 72

Al andar, parecía que ultrajaba
a aquellos que sin venne yo veía;
por lo cual me volví al sabio maestro. 75

178