harían a cualquier sutil ingenio? 66

Muertos tal muertos, vivos como vivos:
no vio mejor que yo quien vio de veras,
cuanto pisaba, al ir mirando el suelo. 69

¡Ah, caminad soberbios y altaneros,
hijos de Eva, y no inclinéis el rostro
para poder mirar el mal camino! 72

Mas al monte la vuelta habíamos dado,
y su camino el sol más recorrido
de lo que mi alma absorta calculaba, 75

cuando el que atento siempre caminaba
delante, dijo: «Alza la cabeza,
ya no hay más tiempo para ir tan absorto. 78

Mira un ángel allí que se apresura 79
por venir a nosotros; ve que vuelve
la esclava sexta del diario oficio. 81

De reverencia adorna rostro y porte,
para que guste arriba conducirnos;
piensa que ya este día nunca vuelve.» 84

Acostumbrado estaba a sus mandatos
de no perder el tiempo, así que en esa
materia no me hablaba oscuramente. 87

El bello ser, de blanco, se acercaba,
con el rostro cual suele aparecer
tremolando la estrella matutina. 90

Abrió los brazos, y después las alas;
dijo: «Venid, cercanos los peldaños
están y ya se sube fácilmente. 93

Muy pocos a esta invitación alcanzan:
oh humanos que nacisteis a altos vuelos,
¿cómo un poco de viento os echa a tierra?» 96

A la roca cortada nos condujo;
allí batió las alas por mi frente,
y prometió ya la marcha segura. 99

Como al subir al monte, a la derecha, 100
en donde está la iglesia que domina
la bien guiada sobre el Rubaconte, 102

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