en otra, de celeste flecha herido,
por su hielo mortal grave a la tierra. 30

Veía a Marte, a Palas y a Timbreo, 31
aún armados en tomo de su padre,
mirando a los Gigantes desmembrados. 33

Veía al pie, a Nemrot, de la gran obra 34
ya casi enloquecido, contemplando
los que en Senar con él fueron soberbios. 36

¡Oh Niobe, con qué dolientes ojos 37
te veía grabada en el sendero,
entre tus muertos siete y siete hijos! 39

¡Oh Saúl, cómo con la propia espada 40
en Gelboé ya muerto aparecías,
que no sentiste lluvia ni rocío! 42

Oh loca Aracne, así pude mirarte 43
ya medio araña, triste entre los restos
de la obra que por tu mal hiciste. 45

Oh Roboán, no parece que asuste 46
aquí tu efigie; mas lleno de espanto
le lleva un carro, sin que le eche nadie. 48

Mostraba aún el duro pavimento
como Alcmeón a su madre hizo caro 50
aquel adorno tan desventurado. 51

Mostraba cómo se lanzaron sobre
Senaquerib sus hijos en el templo, 53
y cómo, muerto, allí lo abandonaron. 54

Mostraba el crudo ejemplo y la ruina
que hizo Tamiris cuando dijo a Ciro: 56
«tuviste sed de sangre y te doy sangre». 57

Mostraba cómo huyeron derrotados,
tras morir Holofernes, los asirios, 59
y también de su muerte los despojos. 60

Veía a Troya en ruinas y en cenizas; 61
¡oh Ilión, cuán abatida y despreciable
mostrábate el relieve que veíal 63

¿Qué pincel o buril allí trazara
las sombras y los rasgos, que admirarse

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