el que arroje del nido a uno y a otro. 99

No es el ruido mundano más que un soplo
de viento, ahora de un lado, ahora del otro,
y muda el nombre como cambia el rumbo. 102

¿Qué fama has de tener, si viejo apartas
de ti la carne, como si murieras
antes de abandonar el sonajero, 105

cuando pasen mil años? Pues es corto
ese espacio en lo eterno, más que un guiño
en el más tardo giro de los cielos. 108

Aquel que va delante tan despacio 109
de mí, en Toscana entera era famoso;
y de él en Siena apenas cuchichean, 111

en donde era señor cuando abatieron
la rabia florentina, que soberbia
fue en aquel tiempo tal como ahora es puta. 114

Color de hierba es vuestra nombradía,
que viene y va, y el mismo la marchita
que la hace brotar verde de la tierra.» 117

Y yo le dije: «Tu verdad me empuja
a la humildad, y abate mi soberbia;
pero quién es aquel de quien hablabas?» 120

«Es -respondió-- Provenzano Salviati:
y está aquí porque tuvo pretensiones
de llevar Siena entera entre sus manos. 123

Anduvo así y aún anda, sin descanso,
desde su muerte: tal moneda paga
aquel que en vida a demasiado aspira.» 126

Y yo: «Si aquel espíritu que deja
arrepentirse al fin de su existencia,
queda abajo y no sube sin la ayuda 129

de una buena oración, antes que pase
un tiempo semejante al que ha vivido,
¿Cómo le consintieron que viniese?» 132

«Cuando vivía más glorioso ­dijo-, 133
en la plaza de Siena libremente
vencida su vergüenza, se plantó 135

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