Allí en el mismo mármol esculpido 55
estaban carro y bueyes con el arca
que hace temible el no mandado oficio. 57

Delante había gente; y toda ella
en siete coros, que mis dos sentidos
uno decía: «No», y otro: «Sí canta.» 60

Y al igual con el humo del incienso
representado, la nariz y el ojo
entre el no y entre el sí tuvieron pugna. 63

Ante el bendito vaso daba brincos
el humilde salmista arremangado,
más y menos que rey en ese instante. 66

Frente a él, figurada en la azotea,
de un gran palacio, Micol se asombraba
como mujer despreciativa y triste. 69

Moví los pies del sitio en donde estaba,
para ver otra historia más de cerca,
que detrás de Micol resplandecía. 72

Aquí estaba historiada la alta gloria 73
del principe romano, a quien Gregorio
hizo por sus virtudes victorioso; 75

hablo de aquel emperador Trajano;
y de una viuda que cogióle el freno,
de dolor traspasada y de sollozos. 78

Había en torno a él gran muchedumbre
de caballeros, y las águilas áureas
sobre ellos se movían con el viento. 81

La pobrecilla entre todos aquellos
parecía decir: «Dame venganza,
señor, de mi hijo muerto, que me aflige.» 84

Y él que le contestaba: «Aguarda ahora
a mi regreso»; y ella: « Señor mío
-como alguien del dolor impacientado-, 87

¿y si no vuelves?» y él: «Quien en mi puesto
esté, lo hará»; y ella: « El bien que otro haga
¿qué te importa si el tuyo has olvidado?» 90

Por lo cual él: «Consuélate; es preciso

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