cansado yo, y los dos sobre la ruta
inciertos, nos paramos en un sitio
más solo que un camino en el desierto. 21

Desde el borde que cae sobre el vacío,
al pie del alto farallón que asciende,
tres veces mediría el cuerpo humano; 24

y hasta donde alcanzaba con los ojos,
por el derecho y el izquierdo lado,
esa cornisa igual me parecía. 27

Nuestros pies no se habían aún movido
cuando noté que la pared aquella,
que no daba derecho de subida, 30

era de mármol blanco y adornado
con relieves, que no ya a Policleto, 32
a la naturaleza vencerían. 33

El ángel que a la tierra trajo anuncio
de aquella paz llorada tantos años,
que abrió los cielos tras veto tan largo, 36

tan verdadero se nos presentaba
aquí esculpido en gesto tan suave,
que imagen muda no nos parecía. 39

Jurado habria que él decía: «¡Ave!»
porque representada estaba aquella
que tiene llave del amor supremo; 42

e impresas en su gesto estas palabras
"Ecce ancilla Dei", del modo
con que en cera se imprime una figura. 45

«En un lugar tan sólo no te fijes
-dijo el dulce maestro, que en el lado
donde se tiene el corazón me puso. 48

Por lo que yo volví la vista, y vi
tras de María, por aquella parte
donde se hallaba quien me dirigía, 51

otra historia en la roca figurada;
y me acerqué, cruzando ante Virgilio,
para verla mejor ante mis ojos. 54

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