vino una dama, y dijo: «Soy Lucía;
deja que tome a éste que ahora duerme;
así le haré más fácil el camino.» 57

Sordello se quedó, y las otras formas;
Te cogió y cuando el día clareaba,
vino hacia arriba y yo tras de tus pasos. 60

Te dejó aquí, mas me mostraron antes
sus bellos ojos esa entrada; y luego
ella y tu sueño a una se marcharon.» 63

Como un hombre que sale de sus dudas
y que cambia en sosiego sus temores,
después que la verdad ha descubierto, 66

cambié yo; y como sin preocupaciones
me vio mi guía, por la escarpadura
anduvo, y yo tras él hacia lo alto. 69

Lector, observarás cómo realzo
mis argumentos, y aún con más arte
si los refuerzo, no te maravilles. 72

Nos acercamos hasta el mismo sitio
que antes me había parecido roto,
como una brecha que un muro partiera, 75

vi una puerta, y tres gradas por debajo
para alcanzarla, de colores varios,
y un portero que aún nada había dicho. 78

Y como yo aún los ojos más abriera,
le vi sentado en la grada más alta,
con tal rostro que no pude mirarlo; 81

y una espada tenía entre las manos,
que los rayos así nos reflejaba,
que en vano a ella dirigí mi vista. 84

«Decidme desde allí: ¿Qué deseáis
-él comenzó a decir- ¿y vuestra escolta?
No os vaya a ser dañosa la venida.» 87

«Una mujer del cielo, que esto sabe,
-le respondió el maestro- nos ha dicho
antes, id por allí, que está la puerta.» 90

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