casi divina se hace a sus visiones, 18

creí ver, en un sueño, suspendida
un águila en el cielo, de áureas plumas,
con las alas abiertas y dispuesta 21

a descender, allí donde a los suyos
dejara abandonados Ganimedes,
arrebatado al sumo consistorio. 24

¡Acaso caza ésta por costumbre
aquí ­pensé-, y acaso de otro sitio
desdeña arrebatar ninguna presa! 27

Luego me pareció que, tras dar vueltas,
terrible como el rayo descendía,
y que arriba hasta el fuego me llevaba. 30

Allí me pareció que ambos ardíamos;
y el incendio soñado me quemaba
tanto, que el sueño tuvo que romperse. 33

No de otro modo se inquietara Aquiles,
volviendo en torno los despiertos ojos
y no sabiendo dónde se encontraba, 36

cuando su madre de Quirón a Squira
en sus brazos dormido le condujo,
donde después los griegos lo sacaron; 39

cual yo me sorprendí, cuando del rostro 40
el sueño se me fue, y me puse pálido,
como hace el hombre al que el espanto hiela. 42

Sólo estaba a mi lado mi consuelo,
y el sol estaba ya dos horas alto, 44
y yo la cara al mar tenía vuelta. 45

«No tengas miedo -mi señor me dijo-;
cálmate, que a buen puerto hemos llegado;
no mengües, mas alarga tu entereza. 48

Acabas de llegar al Purgatorio:
ve la pendiente que en redor le cierra;
y ve la entrada en donde se interrumpe. 51

Antes, al alba que precede al día,
cuando tu alma durmiendo se encontraba,
sobre las flores que aquel sitio adornan, 54

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