Yo alzaba ansioso al cielo la mirada,
adonde son más tardas las estrellas,
como la rueda más cercana al eje. 87

Y mi guía: « ¿Qué miras, hijo, en lo alto?»
Y yo le dije: «Aquellas tres antorchas
por las que el polo todo hasta aquí arde.» 90

Y él respondió: « Las cuatro estrellas claras
que esta mañana vimos, han bajado
y éstas en su lugar han ascendido» 93

Mientras hablaba cogióle Sordello
diciendo: «Ved allá a nuestro adversario»;
y para que mirase alzó su dedo. 96

De aquella parte donde se abre el valle
había una serpiente, acaso aquella
que le dio a Eva el alimento amargo. 99

Entre flores y hierba iba el reptil,
volviendo la cabeza, y sus espaldas
lamiendo como bestia que se limpia. 102

Yo no lo vi, y por eso no lo cuento,
qué hicieron los azores celestiales;
pero bien vi moverse a uno y a otro. 105

Al escuchar hendir las verdes alas,
escapó la serpiente, y regresaron
a su lugar los ángeles a un tiempo. 108

La sombra que acercado al juez se había 109
cuando este la llamó, mientras la lucha
no dejó ni un momento de mirarme. 111

« Así la luz que a lo alto te conduce
encuentre en tu servicio tanta cera,
cuanta hasta el sumo esmalte necesites, 114

-comenzó- si noticia verdadera
de Val de Magra o de parte vecina
conoces, dímela, que allí fui grande. 117

Me llamaba Corrado Malaspina;
no el antiguo, sino su descendiente; 119
a mis deudos amé, y he de purgarlo. 120

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