los ojos hacia oriente, de igual modo
que si dijese a Dios: «Sólo en ti pienso.» 12

Con tanta devoción Te lucis ante 13
le salió de la boca en dulces notas,
que le hizo a mi mente enajenarse; 15

y las otras después dulces y pías
seguir tras ella, completando el himno,
puestos los ojos en la extrema esfera. 18

A la verdad aguza bien los ojos, 19
lector, que el velo ahora es tan sutil,
que es fácil traspasarlo ciertamente. 21

Yo aquel gentil ejército veía
callado luego contemplar el suelo,
como esperando pálido y humilde; 24

y vi salir de lo alto y descender
dos ángeles con dos ardientes gladios 26
truncos y de la punta desprovistos. 27

Verdes como las hojas más tempranas
sus ropas eran, y las verdes plumas
por detrás las batfan y aventaban. 30

Uno se puso encima de nosotros,
y bajó el otro por el lado opuesto,
tal que en medio las gentes se quedaron. 33

Bien distinguía su cabeza rubia;
mas su rostro la vista me turbaba,
cual facultad que a demasiado aspira. 36

«Vinieron del regazo de María
-dijo Sordello- a vigilar el valle,
por la serpiente que vendrá muy pronto.» 39

Y yo, que no sabía por qué sitio,
me volví alrededor y me estreché
a las fieles espaldas, todo helado. 42

«Ahora bajemos -añadió Sordello-
entre las grandes sombras para hablarles;
pues el veros muy grato habrá de serles.» 45

Sólo tres pasos creo que había dado
y abajo estuve; y vi a uno que miraba 47

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