Aquel tan corpulento que acompasa 112
su canto con aquel tan narigudo, 113
de toda las virtudes ciñó cuerda; 114

y si rey después de él hubiera sido
el jovencito sentado detrás, 116
iría la virtud de vaso en vaso. 117

No es lo mismo los otros herederos; 118
tienen el trono Jaime y Federico;
mas el lote mejor ninguno tiene. 120

Raras veces renace por las ramas
la probidad humana; y esto quiere
quien la otorga, para que la pidamos. 123

También esto concierne al narigudo 124
y no menos que a Pedro, con quien canta,
de quien Pulla y Provenza se lamentan. 126

Tan inferior la planta es a su grano, 127
cuanto, más que Beatriz y Margarita,
Constanza del marido se envanece. 129

Mirad al rey de la vida sencilla 130
sentado aparte, Enrique de Inglaterra:
el vástago mejor tiene en sus ramas. 132

Aquel que está más bajo echado en tierra, 133
mirando arriba, es Guillermo el marqués,
por quien a Alejandría y sus batallas 135
lloran el Canavés y Monferrato.

CANTO VIII

Era la hora en que quiere el deseo
enternecer el pecho al navegante,
cuando de sus amigos se despide; 3

y que de amor el nuevo peregrino
sufre, si escucha lejos una esquila,
que parece llorar el día muerto; 6

cuando yo comencé a dejar de oír,
y a mirar hacia un alma que se alzaba
pidiendo con la mano que la oyeran. 9

Juntó y alzó las palmas, dirigiendo

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