No te fijes en dudas tan profundas
sino tan sólo en lo que diga aquella
que entre mente y la verdad alumbre. 45

No sé si entiendes: de Beatriz te hablo;
arriba la verás, sobre la cima
de este monte, dichosa y sonriendo.» 48

Y yo: «Señor, vayamos más aprisa,
que ya no estoy cansado como antes,
y ya veo que el monte arroja sombra.» 51

« Caminaremos mientras dure el día
-él me repuso- el tiempo que podamos;
mas no es la cosa como la imaginas. 54

Antes de estar arriba, volverás
a ver aquel que oculta la ladera,
de modo que sus rayos ya no rompes. 57

Pero mira aquel alma que allá inmóvil,
completamente sola, nos contempla:
el camino más corto ha de mostrarnos. 60

Nos acercamos: ¡oh ánima lombarda
qué altiva y desdeñosa aparecías,
qué noble y lenta en el mover los ojos! 63

Ella no nos decía una palabra,
mas nos dejaba andar, sólo mirando
a guisa de león cuando reposa. 66

Mas Virgilio acercóse a él, pidiendo
que nos mostrase la mejor subida;
pero a su ruego nada respondió, 69

mas de nuestro país y nuestra vida
nos preguntó; y mi guía comenzaba
«Mantua...» y la sombra, toda en ella absorta, 72

vino hacia él del sitio en que se hallaba
diciendo: «¡Oh mantuano, soy Sordello,
soy de tu misma tierra!», y se abrazaron. 75

¡Ah esclava Italia, albergue de dolores, 76
nave sin timonel en la borrasca,
burdel, no soberana de provincias! 78

Aquel alma gentil tan prestamente,

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