él no se para y los escucha a todos;
a quien tiende la mano, al fin le suelta;
y así de aquel gentío se ve libre. 9

Tal entre aquella turba me encontraba,
de aquí y de allá volviéndoles el rostro,
y prometiendo me soltaba de ellos. 12

Estaba el Aretino, quien del brazo
fiero de Ghin de Tacco halló la muerte, 14
y el otro que se ahogó yendo de caza. 15

Suplicaba, tendiéndome las manos,
Federico Novello, y el de Pisa 17
que hiciera parecer fuerte a Marzucco. 18

Vi al conde Orso y su alma separada 19
de su cuerpo por odio y por envidia,
como decia, y no por culpa alguna. 21

Pier de la Broccia digo; y que provea, 22
mientras que aún está aquí, la de Brabante
si con peor rebaño andar no quiere. 24

Cuando ya me libré de todas esas
sombras que suplicaban otras súplicas,
porque su salvación les llegue antes, 27

yo comencé: « Parece que me niegas 28
expresamente, oh luz, en algún texto
que aplaque la oración leyes del cielo; 30

y esta gente por ello sólo ruega:
¿es que vanas son pues sus esperanzas,
o es que no he comprendido bien tu texto?» 33

Y él me dijo: «Es sencilla mi escritura;
y en esperar ninguno se equivoca,
si con la mente clara bien se mira; 36

pues la cima del juicio no se allana
porque el fuego de amor cumpla en un punto
lo que satisfacer aquí se espera; 39

y allí donde hice tal afirmación,
no se enmendaba, por rezar, la culpa,
pues la oración de Dios estaba lejos. 42

150