Y ya delante de mí iba el poeta,
diciendo: «Vamos ven, mira que toca
el sol el meridiano, y en la orilla 138
cubre el pie de la noche ya Marruecos.» 139

CANTO V

De esa sombra me había separado,
y seguía los pasos de mi guía,
cuando detrás de mí, su dedo alzando, 3

una gritó: «iMirad, que no iluminan
los rayos a la izquierda del de abajo,
y cual vivo parece comportarse!» 6

Volví los ojos al oír aquello,
y los vi que miraban asombrados,
sólo a mí, y a la luz que interceptaba. 9

«¿Tú ánimo por qué se enreda tanto
-dijo el maestro- que el andar retardas?
¿qué te importa lo que esos cuchichean? 12

Deja hablar a la gente y ven conmigo:
sé como aquella torre que no tiembla 14
nunca su cima aunque los vientos soplen; 15

pues aquel en quien bulle un pensamiento
sobre otro pensamiento, se extravía,
porque el fuego del uno ablanda al otro.» 18

¿Qué podía decir si no: « Ya voy»?
Díjelo, más cubriéndome el color
que digno de perdón al hombre vuelve. 21

Mientras tanto a través de la ladera
una gente venía hacia nosotros,
cantando el «Miserere», verso a verso. 24

Cuando notaron que ocasión no daba
de atravesar los rayos con mi cuerpo,
por un gran «Oh» cambiaron su cantiga; 27

y dos de ellos, en forma de emisarios,
corrieron hacia mí y me preguntaron:
«Haznos saber de vuestra condición» 30

Y mi maestro: «Bien podéis marcharos
y a aquellos que os mandaron referirles

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