se sube a Bismantova hasta la cumbre
a pie, pero volar aquí es preciso; 27

digo con leves alas y con plumas
del deseo, detrás de aquel llevado,
que me daba esperanza y me alumbraba. 30

Por un girón subimos de la roca,
cuyas paredes casi se juntaban,
y el suelo nos pedía pies y manos. 33

Cuando ya al borde superior llegamos
de la alta base, a un sitio descubierto
«Maestro --dije- ¿qué camino haremos?» 36

Y él me dijo: «No tuerzas ningún paso;
únicamente sígueme hacia el monte,
hasta que llegue alguna escolta sabia.» 39

La cima, de tan alta, era invisible
y aún más pina la cuesta que la raya
que une el medio cuadrante con el centro. 42

Estaba muy cansado y exclamé:
«Oh dulce padre, vuélvete y advierte
que solo quedaré, si no te paras.» 45

«Hijo --me contestó-- sube hasta allí»,
un repliegue más alto señalando
que por allí giraba todo el monte. 48

Tanto me espolearon sus palabras,
que me esforcé trepando tras de él
hasta que puse pies en la cornisa. 51

Nos sentamos los dos vueltos a oriente, 52
donde estaba el camino que subimos,
que siempre de mirar es agradable. 54

La vista dirigí primero abajo;
luego arriba, hacia el sol, y me admiraba
que nos hería por el lado izquierdo. 57

Bien comprendió el poeta que yo estaba
por el carro solar estupefacto,
que entre nosotros y Aquilón nacía. 60

Por lo cual me explicó: «Si los Gemelos 61
fuesen en compañía de ese espejo

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