estas paredes escalar pretende.» 99

Así el maestro; y esas dignas gentes:
«Volved -dijeron- y seguid un poco»,
haciéndonos señales con la mano. 102

Y uno de aquéllos empezó: «Quien quiera 103
que seas, vuelve el rostro mientras andas:
recuerda si me viste en la otra vida.» 105

Volví la vista a él muy fijamente
rubio era y bello y de gentil aspecto,
mas un tajo una ceja le partía. 108

Cuando con humildad hube negado
haberle visto nunca, él dijo: «Mira»
y mostróme una llaga sobre el pecho. 111

Luego sonriendo dijo: «Soy Manfredo: 112
la emperatriz Constanza fue mi abuela;
y te suplico que, cuando regreses, 114

le digas a mi hermosa hija, madre 115
del honor de Aragón y de Sicilia,
la verdad, si es que cuentan de otro modo. 117

Después de ser mi cuerpo atravesado
por dos golpes mortales, me volví
llorando a quien perdona de buen grado. 120

Abominables mis pecados fueron
mas tan gran brazo tiene la bondad
infinita, que acoge a quien la implora. 123

Si el pastor de Cosenza, que a mi caza 124
entonces fue enviado por Clemente, 125
la página divina comprendiera, 126

los huesos de mi cuerpo aún estarían
al pie del puente junto a Benevento,
y por pesadas piedras custodiados. 129

Mas los baña la lluvia y mueve el viento,
fuera del reino, casi junto al Verde,
donde él los trasladó sin luz alguna. 132

Mas por su maldición, nunca se pierde, 133
sin que pueda volver, el infinito
amor, mientras florezca la esperanza. 135

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