Es ya la tarde donde sepultado 25
está aquel cuerpo en el que sombra hacía;
no en Brindis, sino en Nápoles se encuentra. 27

Por lo cual si ante mí nada se ensombra,
no debes extrañarte, igual que el cielo
no detiene el camino de los rayos. 30

Por sufrir penas, frías y calientes,
Dios ha dispuesto cuerpos semejantes,
de modo que no quiere revelarnos. 33

Loco es quien piense que nuestra razón 34
pueda seguir por la infinita senda
que sigue una sustancia en tres personas. 36

Os baste con el quía, humana prole;
pues, si hubierais podido verlo todo,
ocioso fuese el parto de María; 39

y tú has visto sin frutos desearlo 40
a tales que aquietaran su deseo,
que eternamente ahora les enluta: 42

de Aristóteles hablo y de Platón
y aun de otros más»; y aquí inclinó la frente,
y más no dijo y quedóse turbado. 45

Llegamos entretanto al pie del monte;
tan escarpadas estaban las rocas,
que en vano habrfa piernas bien dispuestas. 48

Entre Rurbia y Lerice el más desierto, 49
el más roto barranco, es escalera,
comparado con éste, abierta y fácil. 51

«¿Ahora quién sabe en donde la pendiente
-deteniéndose, dijo mi maestro-
pueda subir aquel que va sin alas?» 54

Y mientras meditaba con la vista
baja, sobre la suerte del camino,
y yo miraba arriba del peñasco, 57

a mano izquierda apareció una turba 58
de almas que venía hacia nosotros,
mas tan lentos que no lo parecía. 60

«Alza -dije- maestro, la mirada:

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