supe entonces quién era, y le rogué
que, para hablarme, allí se detuviera. 87

«Así -me respondió- como te amaba
en el cuerpo mortal, libre te amo:
por eso me detengo; y tú ¿qué haces?» 90

«Por volver otra vez, Cassella mío,
adonde estoy, viajo; mas ¿por qué
-le dije- tantas horas te han quitado?» 93

Y él a mí: «No me hicieron injusticia, 94
si aquel que lleva cuándo y a quien quiere,
me ha negado el pasaje muchas veces; 96

de justa voluntad sale la suya:
mas desde hace tres meses ha traído
a quien quisiera entrar, sin oponerse. 99

Por lo que yo, que estaba en la marina
donde el agua del Tíber sal se hace,
benignamente fui por él llevado. 102

El vuelo a aquella desembocadura
dirigió, pues que siempre se congregan
allí los que a Aqueronte no descienden.» 105

Y yo: «Si no te quitan nuevas leyes
la memoria o el uso de los cantos
de amor, que mis deseos aquietaban, 108

con ellos té suplico que consueles
mi alma que, viniendo con mi cuerpo
a este lugar, se encuentra muy angustiada.» 111

El amor que en la mente me razona 112
entonces comenzó tan dulcemente,
que en mis adentros oigo aún la dulzura. 114

Mi maestro y yo y aquellas gentes
que estaban junto a él, tan complacidas
parecían, que en nada más pensaban. 117

Todos pendientes y fijos estábamos
de sus notas; y el viejo venerable 119
nos gritó: «¿Qué sucede, lentas almas? 120

¿qué negligencia, qué esperar es éste?
corred al monte a echar las impurezas

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