volvamos hacia atrás, que esta llanura
va declinando hasta su último margen.» 114

Vencía el alba ya a la madrugada
que escapaba delante, y a lo lejos
divisé el tremolar de la marina. 117

Por la llanura sola caminábamos
como quien vuelve a la perdida senda,
y hasta encontrarla piensa que anda en vano. 120

Cuando llegamos ya donde el rocío
resiste al sol, por estar en un sitio
donde, a la sombra, poco se evapora, 123

ambas manos abiertas en la hierba
suavemente puso mi maestro:
y yo, que de su intento me di cuenta, 126

volví hacia él mi rostro enlagrimado;
y aquí me descubrió completamente
aquel color que me escondió el infierno. 129

Llegamos luego a la desierta playa,
que nadie ha visto navegar sus aguas,
que conserve experiencias del regreso. 132

Me ciñó como el otro había dicho:
¡oh maravilla! pues cuando él cortó
la humilde planta, volvió a nacer otra 135
de donde la arrancó, súbitamente.

CANTO II

Ya había el sol llegado al horizonte
que cubre con su cerco meridiano
Jerusalén en su más alto punto; 3

y la noche, que a él opuesta gira,
del Ganges se salía con aquellas
balanzas, que le caen cuando ha triunfado; 6

tal que la blanca y sonrosada cara,
donde yo estaba, de la bella Aurora
mientras crecía se tornaba de oro. 9

A la orilla del mar nos encontrábamos,
como aquel que pensara su camino,
que va en corazón y en cuerpo se queda. 12

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