y descendió después de pelo en pelo,
entre pelambre hirsuta y costra helada. 75

Cuando nos encontramos donde el muslo 76
se ensancha y hace gruesas las caderas,
el guía, con fatiga y con angustia, 78

la cabeza volvió hacia los zancajos,
y al pelo se agarró como quien sube,
tal que al infierno yo creí volver. 81

«Cógete bien, ya que por esta escala
-dijo el maestro exhausto y jadeante
es preciso escapar de tantos males.» 84

Luego salió por el hueco de un risco,
y junto a éste me dejó sentado;
y puso junto a mí su pie prudente. 87

Yo alcé los ojos, y pensé mirar
a Lucifer igual que lo dejamos,
y le vi con las piernas para arriba; 90

y si desconcertado me vi entonces,
el vulgo es quien lo piensa, pues no entiende
cuál es el trago que pasado había. 93

«Ponte de pie -me dijo mi maestro-:
la ruta es larga y el camino es malo,
y el sol ya cae al medio de la tercia.» 96

No era el lugar donde nos encontrábamos
pasillo de palacio, mas caverna
que poca luz y mal suelo tenía. 99

«Antes que del abismo yo me aparte,
maestro -dije cuando estuve en pie-,
por sacarme de error háblame un poco: 102

¿Dónde está el hielo?, ¿y cómo éste se encuentra
tan boca abajo, y en tan poco tiempo,
de noche a día el sol ha caminado?» 105

Y él me repuso: « Piensas todavía
que estás allí en el centro, en que agarré
el pelo del gusano que perfora 108

el mundo: allí estuviste en la bajada;
cuando yo me volví, cruzaste el punto

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