¡Qué asombro tan enorme me produjo 37
cuando vi su cabeza con tres caras!
Una delante, que era toda roja: 39

las otras eran dos, a aquella unidas
por encima del uno y otro hombro,
y uníanse en el sitio de la cresta; 42

entre amarilla y blanca la derecha
parecia; y la izquierda era tal los que
vienen de allí donde el Nilo discurre. 45

Bajo las tres salía un gran par de alas,
tal como convenía a tanto pájaro:
velas de barco no vi nunca iguales. 48

No eran plumosas, sino de murciélago
su aspecto; y de tal forma aleteaban,
que tres vientos de aquello se movían: 51

por éstos congelábase el Cocito;
con seis ojos lloraba, y por tres barbas
corría el llanto y baba sanguinosa. 54

En cada boca hería con los dientes
a un pecador, como una agramadera, 56
tal que a los tres atormentaba a un tiempo. 57

Al de delante, el morder no era nada
comparado a la espalda, que a zarpazos
toda la piel habíale arrancado. 60

«Aquella alma que allí más pena sufre
-dijo el maestro- es Judas Iscariote,
con la cabeza dentro y piernas fuera. 63

De los que la cabeza afuera tienen,
quien de las negras fauces cuelga es Bruto:
-¡mirale retorcerse! ¡y nada dice!- 66

Casio es el otro, de aspecto membrudo.
Mas retorna la noche, y ya es la hora
de partir, porque todo ya hemos visto.» 69

Como él lo quiso, al cuello le abracé;
y escogió el tiempo y el lugar preciso,
y, al estar ya las alas bien abiertas, 72

se sujetó de los peludos flancos:

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