Llorando me gritó: «¿Por qué me pisas?
Si a aumentar tú no vienes la venganza
de Monteaperti, ¿por qué me molestas?» 81

Y yo: «Maestro mío, espera un poco
pues quiero que me saque éste de dudas;
y luego me darás, si quieres, prisa.» 84

El guía se detuvo y dije a aquel
que blasfemaba aún muy duramente:
« ¿Quién eres tú que así reprendes a otros?» 87

«Y tú ¿quién eres que por la Antenora
vas golpeando -respondió- los rostros,
de tal forma que, aun vivo, mucho fuera?» 90

«Yo estoy vivo, y acaso te convenga
-fue mi respuesta-, si es que quieres fama,
que yo ponga tu nombre entre los otros.» 93

Y él a mí: «Lo contrario desearía;
márchate ya de aquí y no me molestes,
que halagar sabes mal en esta gruta.» 96

Entonces le cogí por el cogote,
y dije: «Deberás decir tu nombre,
o quedarte sin pelo aquí debajo.» 99

Por lo que dijo: «Aunque me descabelles,
no te diré quién soy, ni he de decirlo,
aunque mil veces golpees mi cabeza.» 102

Ya enroscados tenía sus cabellos,
y ya más de un mechón le había arrancado,
mientras ladraba con la vista gacha, 105

cuando otro le gritó: «¿Qué tienes, Bocca?
¿No te basta sonar con las quijadas,
sino que ladras? ¿quién te da tormento?» 108

«Ahora -le dije yo- no quiero oírte,
oh malvado traidor: que en tu deshonra,
he de llevar de ti veraces nuevas.» 111

«Vete -repuso- y di lo que te plazca,
pero no calles, si de aquí salieras,
de quien tuvo la lengua tan ligera. 114

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