más plenamente; mas como no tengo,
no sin miedo a contarlo me dispongo; 6

que no es empresa de tomar a juego
de todo el orbe describir el fondo,
ni de lengua que diga «mama» o «papa». 9

Mas a mi verso ayuden las mujeres 10
que a Anfión a cerrar Tebas ayudaron,
y del hecho el decir no sea diverso. 12

¡Oh sobre todas mal creada plebe,
que el sitio ocupas del que hablar es duro,
mejor serla ser cabras u ovejas! 15

Cuando estuvimos ya en el negro pozo, 16
de los pies del gigante aún más abajo,
y yo miraba aún la alta muralla, 18

oí decirme: «Mira dónde pisas:
anda sin dar patadas a la triste
cabeza de mi hermano desdichado.» 21

Por lo cual me volví, y vi por delante
y a mis plantas un lago que, del hielo,
de vidrio, y no de agua, tiene el rostro. 24

A su corriente no hace tan espeso
velo, en Austria, el Danubio en el invierno,
ni bajo el frío cielo allá el Tanais, 27

como era allí; porque si el Pietrapana 28
o el Tambernic, encima le cayese, 29
ni «crac» hubiese hecho por el golpe. 30

Y tal como croando está la rana,
fuera del agua el morro, cuando sueña
con frecuencia espigar la campesina, 33

lívidas, hasta el sitio en que aparece 34
la vergüenza, en el hielo había sombras,
castañeteando el diente cual cigüeñas. 36

Hacia abajo sus rostros se volvían:
el frío con la boca, y con los ojos
el triste corazón testimoniaban. 39

Después de haber ya visto un poco en torno, 40
miré, a mis pies, a dos tan estrechados,

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