«Oh tú que en el afortunado valle 115
que heredero a Escipión de gloria hizo,
al escapar Aníbal con los suyos, 117

mil leones cazaste por botín,
y que si hubieses ido a la alta lucha
de tus hermanos, hay quien ha pensado 120

que vencieran los hijos de la Tierra;
bájanos, sin por ello despreciarnos,
donde al Cocito encierra la friura. 123

A Ticio y a Tifeo no nos mandes; 124
éste te puede dar lo que deseas; 125
inclínate, y no tuerzas el semblante. 126

Aún puede darte fama allá en el mundo,
pues que está vivo y larga vida espera,
si la Gracia a destiempo no le llama.» 129

Así dijo el maestro; y él deprisa
tendió la mano, y agarró a mi guía,
con la que a Hércules diera el fuerte abrazo. 132

Virgilio, cuando se sintió cogido,
me dijo: «Ven aquí, que yo te coja»;
luego hizo tal que un haz éramos ambos. 135

Cual parece al mirar la Garisenda 136
donde se inclina, cuando va una nube
sobre ella, que se venga toda abajo; 138

tal parecióme Anteo al observarle
y ver que se inclinaba, y fue en tal hora
que hubiera preferido otro camino. 141

Mas levemente al fondo que se traga 142
a Lucifer con Judas, nos condujo;
y así inclinado no hizo más demora, 144
y se alzó como el mástil en la nave.

CANTO XXXII

Si rimas broncas y ásperas tuviese, 1
como merecerfa el agujero
sobre el que apoyan las restantes rocas 3

exprimiría el jugo de mi tema

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