Monterregión de torres se corona, 41
así aquel margen que el pozo circunda 42

con la mitad del cuerpo torreaban
los horribles gigantes, que amenaza 44
aún desde el cielo Júpiter tronando. 45

Y yo miraba ya de alguno el rostro,
la espalda, el pecho y gran parte del vientre,
y los brazos cayendo a los costados. 47

Cuando dejó de hacer Naturaleza
aquellos animales, muy bien hizo,
porque tales ayudas quitó a Marte; 51

Y si ella de elefantes y ballenas
no se arrepiente, quien atento mira,
más justa y más discreta ha de tenerla; 54

pues donde el argumento de la mente
al mal querer se junta y a la fuerza,
el hombre no podría defenderse. 57

Su cara parecía larga y gruesa
como la Piña de San Pedro, en Roma, 59
y en esta proporción los otros huesos; 60

y así la orilla, que les ocultaba
del medio abajo, les mostraba tanto
de arriba, que alcanzar su cabellera 63

tres frisones en vano pretendiesen;
pues treinta grandes palmos les veía
de abajo al sitio en que se anuda el manto. 66

«Raphel may amech zabi almi», 67
a gritar empezó la fiera boca,
a quien más dulces salmos no convienen. 69

Y mi guía hacia él: « ¡Alma insensata,
coge tu cuerno, y desfoga con él
cuanta ira o pasión así te agita! 72

Mirate al cuello, y hallarás la soga
que amarrado lo tiene, alma turbada,
mira cómo tu enorme pecho aprieta.» 75

Después me dijo: «A sí mismo se acusa.
Este es Nembrot, por cuya mala idea

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