gritó: «¡Tendamos redes, y atrapemos
a la leona al pasar y a los leoncitos!»;
y luego con sus garras despiadadas. 9

agarró al que Learco se llamaba,
le volteó y le dio contra una piedra;
y ella se ahogó cargada con el otro. 12

Y cuando la fortuna echó por tierra 13
la soberbia de Troya tan altiva,
tal que el rey junto al reino fue abatido, 15

Hécuba triste, mísera y cautiva,
luego de ver a Polixena muerta,
y a Polidoro allí, junto a la orilla 18

del mar, pudo advertir con tanta pena,
desgarrada ladró tal como un perro;
tanto el dolor su mente trastornaba. 21

Mas ni de Tebas furias ni troyanas
se vieron nunca en nadie tan crueles,
ni a las bestias hiriendo, ni a los hombres, 24

cuanto en dos almas pálidas, desnudas,
que mordiendo corrían, vi, del modo
que el cerdo cuando deja la pocilga. 27

Una cogió a Capocchio, y en el nudo
del cuello le mordió, y al empujarle,
le hizo arañar el suelo con el vientre. 30

Y el aretino, que quedó temblando,
me dijo: « El loco aquel es Gianni Schichi, 32
que rabioso a los otros así ataca.» 33

«Oh -le dije- así el otro no te hinque
los dientes en la espalda, no te importe
el decirme quién es antes que escape.» 36

Y él me repuso: «El alma antigua es ésa
de la perversa Mirra, que del padre 38
lejos del recto amor, se hizo querida. 39

El pecar con aquél consiguió ésta
falsificándose en forma de otra,
igual que osó aquel otro que se marcha, 42

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